
Generalmente pensamos que la reproducción sexual es un proceso equilibrado, donde machos y hembras suelen cooperar de igual manera para lograr tener un mayor número de crías y poder conservar sus genes en la naturaleza. Esto no es del todo cierto, ya que durante la reproducción los dos sexos pueden tener intereses reproductivos diferentes; por ejemplo, en algunas ocasiones uno de los padres abandonará el cuidado de las crías y otros tratarán de buscar una nueva pareja, así como pueden aparecer desventajas de algunas características que son heredadas de padres a las crías, esto da lugar a lo que en 1979 Parker llamó “conflicto sexual”.
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